Screen Shot US Embassy Argentina press release
Screen Shot of the press release about Scott Stoll's visit to the US Embassy in Argentina.

Embajada auspicia visita del escritor Scott Stoll a la Argentina

Comunicados de prensa

16 de septiembre de 2011

“Si pudiera hacer cualquier cosa, ¿qué haría?”, una pregunta sencilla que Scott Stoll se hizo a sí mismo y que lo embarcó en la búsqueda de la felicidad y el significado último de la vida. Aunque parezca increíble, Stoll recorrió más de 40.000 kilómetros, 50 países y seis continentes en bicicleta durante cuatro años. Argentina formó parte de la larga travesía. Durante su paso por la provincia de Formosa, en el Gran Chaco, una familia de lugareños lo rescató cuando su bicicleta quedó varada en el barro.

Al regreso de su viaje alrededor del mundo, Stoll compiló sus aventuras en un libro titulado “Falling Uphill” (“Cayendo hacia arriba”). El resultado fue un mensaje inspirador que nos enseña sobre el respeto por la diversidad y las diferencias culturales, resaltando la importancia de las relaciones interpersonales para construir puentes entre culturas. Stoll describe en su libro instantes que van desde la pura supervivencia hasta la profunda comprensión del mágico y trascendental misterio de la vida.

De regreso en Nueva York, inspirado las vivencias de su viaje y las experiencias, Stoll describió su fascinante experiencia en un artículo publicado por The New York Times. (Ver adjunto y debajo la traducción).

Bajo el auspicio de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, Stoll visitará la Argentina entre el 17 y el 30 de septiembre. Durante su estadía, el autor recorrerá escuelas públicas en Buenos Aires y también en las provincias de Chaco y Corrientes.

Stoll compartirá sus experiencias con alumnos e intentará transmitir un mensaje positivo sobre el futuro y las posibilidades de realizar los sueños propios. Los alumnos de 4to y 5to grado compartirán con Stoll sesiones de dibujo, algunos de los cuales formarán parte de la edición en castellano de su libro “Falling Uphill”, que será publicado en español bajo el título: “Cayendo Hacia Arriba”.  La versión en castellano del libro estará ilustrada íntegramente por alumnos argentinos del mismo modo que la versión en inglés fue ilustrada por alumnos estadounidenses. Una vez que se publique el libro en castellano, los niños recibirán una copia del libro con los  dibujos que ellos realizaron.  

Asimismo, el autor visitará en Buenos Aires la Escuela Pública para Niños Sordos Osvaldo Magnasco, que estará iniciando su muestra de arte infantil anual llamada  “Mañolo”. Además de otras escuelas públicas en Chaco y Corrientes, la Embajada también llevará al autor a visitar el “Club de Jóvenes de la Matanza”, organización perteneciente al Gobierno de la Ciudad, varias ONG como la Fundación COR y becarios de su programa de becas de inglés ACCESS.  

Stoll y funcionarios de la Embajada participarán de la “bicicleteada” que se realizará el 18 de septiembre organizada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El evento tiene como fin promover el uso de la bicicleta como medio de transporte ecológico, saludable y económico. Miles de personas se trasladarán desde el Obelisco hasta el Planetario para concientizar sobre el tema a los argentinos.

El día 30 de septiembre también participará de un encuentro con al Subsecretario de Transporte de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Guillermo Dietrich y el Ministro Consejero de la Embajada, Jefferson Brown.


Biografía del autor

En 2001, Scott dejó San Francisco para iniciar un viaje en bicicleta por todo el mundo que finalizó casi cinco años después cuando la ciudad de Nueva York fue víctima de los atentados del 11 de septiembre. Después de pensar durante un mes, Scott decidió continuar con su travesía. Esta nueva etapa se transformaría luego en un momento único de su vida. Scott es uno de los pocos estadounidenses que ha viajado en bicicleta por el mundo. Con frecuencia, los ciudadanos de otros países llamaban a Scott como “el Embajador en bicicleta”. A diferencia de las aventuras de nuestros días, Scott recorrió el mundo con nada más que un mapa de papel y por supuesto, el prerrequisito de una mente y corazón abiertos.

Scott se crió en un ambiente modesto, nació en Milwaukee, Wisconsin y creció en Waukesha. Con posterioridad, volvió a la Universidad de Wisconsin, en Milwaukee para  estudiar y graduarse en bellas artes. Scott también vivió y trabajó en muchos lugares de los Estados Unidos e Inglaterra. Sin embargo, después de vivir como los habitantes del lugar en más de 6 países, Scott se ganó el apodo de “ciudadano del mundo”. Durante sus viajes, Scott trabajó en cientos de empleos realmente raros y complicados para reunir los fondos necesarios para pagar sus aventuras.

Antes de embarcarse en este recorrido en bicicleta por el mundo, Scott trabajó durante una década en la industria de la publicidad  y el diseño grafico como director de arte, diseñador grafico, artista de producciones, fotógrafo y autor  en lugares tan diversos como Washington D.C. y San Francisco. Scott ha trabajado “free lance” para más de cien agencias de publicidad tales como TBWA/Chiat/Day, que fuera galardonada con el prestigioso Premio a la Mejor Agencia del Año mientras Scott formaba parte de ella.  Scott también ganó premios de la industria al diseño y como escritor y es un orgullo para él haber escrito para The New York Times. Recientemente, Scott se ha dedicado a la escritura y a brindar conferencias motivacionales además de ser miembro honorario del comité de Hostelling International y corresponsal de radio, entre otras actividades.

Scott sueña siempre con la próxima aventura y el próximo libro pero en la actualidad se encuentra disfrutando de la aventura de estar en casa después de haber aprendido que aún cuando se trata de recorrer el mundo en bicicleta, esta puede ser una experiencia demasiado intensa. En la actualidad, su principal objetivo es construir una comunidad de personas apasionadas por hacer realidad grandes ideas que sean mutuamente beneficiosas tanto para las personas involucradas como para el mundo en  general.


Artículo publicado en The New York Times

De viaje durante 4 años y 25.000 millas
Publicado en el New York Times
14 de octubre, 2006

En cierta manera, recorrer el mundo en bicicleta era fácil. Me compré una bicicleta todo terreno de acero (que tuve que soldar seis veces), monté un kit de reparación, una carpa, una bolsa de dormir, un calentador, un filtro de agua, pantalla solar, ropa y crema de maní en las alforjas y tuve la determinación de seguir pedaleando durante 4 años, 25.752 millas, 50 países y 6 continentes.

En otro sentido, viajar en bicicleta por el mundo era una actividad tan grandiosa que corría el riesgo de perderme en el miedo por años y no empezar concretamente nunca. Creí que había una posibilidad de ser atropellado, enfermarme o resultar lastimado, ser víctima de un robo o atacado o caer en la cárcel. (De hecho, todas esas cosas pasaron).

Mirando hacia atrás, el primer paso que di fue sabotear involuntariamente mi patética vida. Todo ocurrió en una semana, mi novia me dejó, me despidieron del trabajo como director de arte y mi mejor amigo se fugó con una amante, dejándome sin el dinero para el alquiler. Después de un poco de autocompasión y automedicación con cerveza barata y comedias malas de televisión, me pregunté a mi mismo qué haría si tuviera la posibilidad de hacer absolutamente nada.  

A partir de ahí, la idea de recorrer el mundo en bicicleta creció como un virus y al año siguiente me probé a mi mismo recorriendo Estados Unidos en bicicleta de pe a pa. Después de ese precalentamiento de 6.200 millas, mi amigo Dennis Snades,  por cuyo camino me crucé en el parque nacional Grand Teton, me preguntó si hablaba en serio cuando dije que quería recorrer el mundo en bicicleta.“Por supuesto que habló en serio”, le dije haciéndome el canchero.  

“Lo voy a hacer y te invito a ir conmigo”, dijo. “Si no querés venir, voy a buscar a otra persona”.  En ese momento, se echaron a rodar las ruedas en sentido figurativo y literal. Descubrimos que alternando de un lado y otro del Ecuador (las estaciones son inversas) podíamos vivir en perpetuo verano recorriendo el mundo. En cuanto a la planificación del resto de nuestro viaje, incluidas visas y gastos, Dennis lanzó el comentario profético: “Un giro en falso y todo cambia. No veo el punto de planificar”.

Teníamos la idea general de hacia dónde dirigirnos— lanzando una moneda al aire o siguiendo una linda línea en un mapa casi inútil— pero de repente estábamos básicamente perdidos. Pero estar perdido puede ser muy beneficioso. Cuando experimenté mi primera experiencia de apenamiento, había ido en la dirección equivocada mientras recorría en una montaña en Méjico y me encontré rodeado de millones de mariposas monarca que se mecían en los pinos cual nieve pesada. Experimenté la realidad (a diferencia de la idea) del cliché: la vida es un viaje no un punto de destino. Eran momentos de felicidad lo que estaba buscando no calentar el asiento. La razón por la cual viajo es para salir de mi vida confortable y monótona en la cual tengo la tendencia a creer que las sé todas. Pero también tengo la tendencia a ser un tonto con exceso de entusiasmo. Por ejemplo, una vez tuve que cruzar un río infectado de cocodrilos en Nepal, no había puente, tan solo un hombre que se ofrecía a cruzarme en una canoa de madera. No había espacio suficiente para mi bicicleta y yo. El se ofreció a llevar mi bicicleta primero y luego volver por mí pero no me convencía el plan.

Me aseguró que no había cocodrilos en esa parte del río así que crucé nadando al lado de la canoa hasta que me arrastró la corriente fría. Después de que Dennis, mi garantía de seguridad, abandonara en Turquía, aprendí una lección de perseverancia desde que inicié la subida al Monte Everest hasta llegar a un campamento de base en el Tíbet, a una altitud de más de tres millas. A esta altura, el oxígeno de la atmósfera se reduce a la mitad al igual que a nivel del mar y esto ocasionó una sensación de ardor en todo mi cuerpo. El malestar físico se vio compensado por la emoción de subir más de la mitad del Everest, sintiendo la gran altura, el sol radiante y el viento helado que se desplazaba cuesta abajo.

La lección más importante que aprendí es que la gente en todo el mundo, independientemente de su aspecto, educación, cultura o idioma, es esencialmente igual. Tenemos miedos, alegrías  y sueños. En Perú, unos pastores me encontraron con frío y temblando en una carpa y me invitaron a compartir el desayuno en su acogedora choza de barro. Todo lo que tenían era sopa de papas disecada y té de coca. Me dieron toda su comida a cambio de escuchar mi historia. Momentos como este iluminaron mi viaje.

Todos los días durante años, me preocupaba cuando las personas me decían que estaba loco. En última instancia, decidí que cualquier que tenga el coraje de romper su molde cultural y seguir un sueño necesita estar un poco loco y en mi caso, tenía ganas de ver el mundo desde el asiento de mi bicicleta.




Biografía del autor (en inglés)

In 2001, Scott left behind beloved San Francisco and began the first pedal strokes of his trip around the world, which almost ended 5 days later when the terrorists struck New York City. After a month-long deliberation, Scott decided to continue his trip during what would become a unique moment in history, being one of the few Americans to travel abroad and the only one to travel the world on a bike. Citizens of other countries would often regard Scott as “the bicycling ambassador”. And unlike most modern day adventures, Scott traveled the world with nothing more than a paper map, and of course the prerequisite open-mind and an open-heart.

Before his epic journey, Scott came from a modest background. Born in Milwaukee, Wisconsin and raised in Waukesha before returning to the University of Wisconsin Milwaukee for his degree in the fine arts. Scott has also worked and lived across the US and England; however, after living life like the indigenous inhabitants in over 60 countries, Scott has been called “a citizen of the world” and has worked hundreds of truly odd and dirty jobs to provide for his journeys.

Before embarking upon his world bicycle tour, Scott spent a decade working in advertising and graphic design from Washington, DC to San Francisco, being labeled at times as an art director, graphic designer, production artist, photographer and/or copywriter. Scott has freelanced in over 100 ad agencies, including TBWA/Chiat/Day when they won the prestigious “Agency of the Year” award. Scott has also won a handful of industry awards for his design and writing, and is proud to have written for the New York Times. More recently Scott has been an author, motivational speaker, Honorary Committee Member of Hostelling International, radio correspondent, and more.

Of course, Scott is always dreaming of the next adventure and next book, but currently he is enjoying his adventure at home, because he has learned that even traveling around the world on a bicycle is too fast. In fact, one of his main goals is simply to build a community of people passionate about bringing great ideas to life in a way that is mutually beneficial to everyone involved and the world at large.

Footnotes

This story originally appeared on the embassy website.
http://spanish.argentina.usembassy.gov/comunicados_de_prensa_2011.html

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